Microbiota, menopausia y pacientes oncológicas: una conversación necesaria
Cada vez hablamos más de microbiota. Y en menopausia tiene mucho sentido hacerlo.
Durante esta etapa, la caída de estrógenos no solo impacta en los sofocos, el sueño, el estado de ánimo o la composición corporal. También puede modificar el ecosistema vaginal y urinario.
El pH vaginal puede aumentar, pueden disminuir ciertos lactobacilos protectores y pueden aparecer síntomas como sequedad, irritación, molestias urinarias, infecciones recurrentes o dolor durante las relaciones sexuales.
Estos síntomas forman parte de lo que hoy conocemos como síndrome genitourinario de la menopausia. Y aunque es frecuente, muchas veces sigue estando infradiagnosticado o poco abordado de forma integral.
¿Qué ocurre en pacientes oncológicas?
En mujeres que han atravesado un cáncer de mama, especialmente aquellas tratadas con inhibidores de aromatasa, estos síntomas pueden ser aún más frecuentes y tener un impacto importante en la calidad de vida.
Una revisión sobre el manejo del síndrome genitourinario de la menopausia en supervivientes de cáncer de mama describe que estos síntomas son habituales en mujeres que reciben terapia antiestrogénica.
Referencia:
https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC8894268/
Esto nos recuerda algo importante: la menopausia no es solo una cuestión hormonal. También es una cuestión de mucosas, microbiota, inflamación local, sistema urinario, sexualidad y calidad de vida.
¿La microbiota vaginal también cambia en estas mujeres?
Sí. Y eso es lo que empiezan a mostrar algunos estudios.
Un estudio publicado en Scientific Reports evaluó la microbiota vaginal de mujeres supervivientes de cáncer de mama tratadas con inhibidores de aromatasa. El estudio comparó mujeres con y sin síntomas vulvovaginales y observó diferencias en la composición del microbioma vaginal.
Entre los hallazgos, se encontró una mayor abundancia relativa de bacterias como Sneathia y Gardnerella en el grupo de mujeres con síntomas.
Referencia:
https://www.nature.com/articles/s41598-024-58118-3
Este tipo de investigaciones abre una mirada muy interesante: no podemos pensar la salud vaginal únicamente desde las hormonas. También necesitamos mirar el ecosistema.
Porque cuando cambia la microbiota, también puede cambiar la forma en que una mujer siente su cuerpo, su intimidad, su comodidad diaria y su salud urogenital.
Entonces, ¿los probióticos pueden ayudar en pacientes oncológicas?
La respuesta más honesta es: podrían ayudar en algunos contextos, pero no podemos generalizar.
La evidencia disponible sugiere que ciertos probióticos podrían reducir algunos síntomas digestivos asociados a tratamientos oncológicos, especialmente la diarrea relacionada con quimioterapia o radioterapia.
Sin embargo, una revisión publicada en British Journal of Nutrition concluye que, aunque los probióticos podrían reducir la incidencia de diarrea en pacientes con cáncer que reciben quimioterapia o radioterapia, la certeza de la evidencia todavía es baja o muy baja.
Esto significa que no alcanza con decir “los probióticos son buenos”. Hay que preguntar: qué cepas, en qué dosis, en qué paciente, en qué momento clínico y con qué objetivo.
¿Y qué sabemos específicamente en mujeres con cáncer de mama?
La evidencia todavía es limitada, pero interesante.
Un estudio piloto doble ciego en mujeres postmenopáusicas con cáncer de mama durante quimioterapia evaluó una preparación oral con cuatro especies de Lactobacillus, las mismas que encontrarás en la nueva formulación de FemmeUp Plenipausia.
El estudio observó una influencia positiva sobre la microbiota vaginal en 7 de 11 mujeres del grupo probiótico, frente a 4 de 11 mujeres del grupo placebo.
Referencia:
https://karger.com/brc/article/12/5/335/53579/Influence-of-Orally-Administered-Probiotic
Este dato no permite hacer promesas absolutas, pero sí abre una línea de investigación valiosa: la posibilidad de acompañar la salud vaginal y genitourinaria desde la microbiota.
¿Cuándo hay que tener especial precaución?
En oncología, el criterio profesional es imprescindible.
Los probióticos son microorganismos vivos. Aunque suelen ser seguros en población general, no deben banalizarse en pacientes vulnerables.
Hay que tener especial precaución en casos de neutropenia, inmunosupresión severa, mucositis intensa, catéter venoso central, hospitalización, estado crítico, trasplante o tratamientos oncológicos complejos.
Memorial Sloan Kettering advierte especialmente que las personas inmunocomprometidas, críticamente enfermas o con catéter venoso central no deberían tomar probióticos que contengan Saccharomyces boulardii.
Referencia:
https://www.mskcc.org/cancer-care/integrative-medicine/herbs/probiotics-01
Por eso, cuando hablamos de probióticos en pacientes oncológicas, no podemos hablar de manera general. Es necesario diferenciar cepas, contexto clínico y situación inmunológica de cada persona.
Entonces, ¿por qué incorporamos probióticos en FemmeUp Plenipausia?
Porque entendemos que la plenipausia no es solo una transición hormonal.
Es también una etapa de cambios en la microbiota, las mucosas, el sistema urinario, la salud vaginal, la digestión, la inflamación local y la calidad de vida.
Incorporamos probióticos desde esa mirada: no como una promesa absoluta, sino como una herramienta dentro de una formulación más integral.
Una herramienta pensada para acompañar esta etapa desde una visión más completa de la salud femenina.
El mensaje que queremos dejar
La microbiota puede ser una gran aliada.
Pero en oncología, el criterio profesional es imprescindible.
La salud femenina necesita menos respuestas rápidas y más conversaciones bien informadas. Necesita integrar la evidencia científica, la experiencia clínica y la realidad de cada mujer.
Porque la menopausia, y especialmente la plenipausia, no se vive solo en las hormonas.
También se vive en las mucosas, en la microbiota, en la sexualidad, en el descanso, en el sistema urinario, en la digestión y en la calidad de vida.