Suelo pélvico en menopausia: sequedad, urgencia y pérdidas no son el mismo problema

Sequedad, dolor con la penetración, urgencia urinaria, pequeñas pérdidas al correr o una sensación de peso vaginal pueden aparecer en la misma etapa. A veces se agrupan bajo una explicación genérica -“es la menopausia”- y se responde con un consejo igualmente genérico: hacer ejercicios de Kegel. El problema es que esos síntomas no tienen siempre el mismo origen ni necesitan el mismo tratamiento.

El síndrome genitourinario y la función muscular son dos piezas diferentes

El síndrome genitourinario de la menopausia reúne cambios de la vulva, la vagina, la uretra y la vejiga relacionados con el descenso estrogénico. Puede incluir sequedad, ardor, irritación, dolor durante las relaciones, molestias al orinar, urgencia y mayor susceptibilidad a infecciones urinarias.

A diferencia de los sofocos, que en muchas mujeres disminuyen con los años, los síntomas genitourinarios tienden a persistir o progresar si no se tratan. Una revisión sistemática encontró prevalencias muy variables -del 13 % al 87 % según el síntoma, la población y la forma de medirlo-, un rango que también muestra cuánto se infradiagnostica.

La disfunción del suelo pélvico puede coexistir, pero no es sinónimo de síndrome genitourinario. Incluye problemas de fuerza, coordinación, resistencia o tono de la musculatura, además de alteraciones como incontinencia, prolapso o dolor. Una mujer puede tener tejidos vulvovaginales frágiles con una musculatura funcional; otra puede presentar pérdidas de esfuerzo con escasa sequedad; otra puede tener un suelo pélvico demasiado tenso y doloroso.

No todo suelo pélvico necesita contraerse más

Los ejercicios de contracción son útiles cuando existe debilidad o mala coordinación, pero una musculatura hipertónica puede necesitar primero aprender a relajarse. En presencia de dolor pélvico, penetración dolorosa, dificultad para vaciar la vejiga o sensación de tensión constante, indicar contracciones repetidas sin evaluar el tono puede agravar los síntomas.

La valoración fisioterapéutica permite observar fuerza, resistencia, coordinación, respiración, gestión de presiones y capacidad de relajación. También ayuda a comprobar si la mujer identifica realmente la musculatura correcta; muchas personas contraen glúteos, abdomen o contienen la respiración creyendo que están trabajando el suelo pélvico.

Qué dice la evidencia sobre el entrenamiento

Un metaanálisis publicado en 2025 revisó cinco ensayos aleatorizados en mujeres posmenopáusicas y encontró una mejoría importante de los síntomas de incontinencia urinaria con entrenamiento de la musculatura del suelo pélvico. La heterogeneidad entre los estudios fue elevada, de modo que el resultado respalda la intervención, pero no permite copiar una única pauta para todas.

La supervisión también puede importar. Una revisión que comparó programas supervisados y no supervisados observó mejores resultados en calidad de vida y función muscular con supervisión, aunque la evidencia presentaba riesgo de sesgo. Cuando el programa domiciliario incluye una buena enseñanza inicial y reevaluaciones, también puede ser efectivo.

¿Y la respiración?

El diafragma, la pared abdominal y el suelo pélvico participan de la regulación de presiones. Trabajar la respiración puede ayudar a reconocer tensiones, coordinar esfuerzos y evitar apneas durante una carga. Tiene sentido clínico dentro de una evaluación funcional.

Eso no permite afirmar que “respirar con el diafragma fortalece el suelo pélvico”. Una revisión sistemática de 2023 concluyó que la evidencia para utilizar ejercicios respiratorios en lugar del entrenamiento específico es escasa o inexistente. Añadir respiración al entrenamiento tampoco mostró un beneficio adicional consistente sobre incontinencia o prolapso.

La respiración puede formar parte del tratamiento por un motivo concreto -relajación, conciencia o gestión de presión-, pero no funciona como sustituto automático del trabajo muscular indicado.

El tratamiento local puede ser necesario aunque se entrene bien

Cuando predominan sequedad, ardor o dolor vinculados con el síndrome genitourinario, el entrenamiento muscular no restaura por sí solo el tejido. Las recomendaciones de NICE de 2024 aconsejan ofrecer estrógeno vaginal a las personas con síntomas genitourinarios, incluso si ya utilizan terapia hormonal sistémica. La absorción sistémica es mínima y los efectos adversos graves son muy poco frecuentes.

Los lubricantes se utilizan en el momento de la actividad sexual para disminuir fricción. Los hidratantes vaginales se aplican de forma regular para mejorar la humedad. Pueden usarse solos o junto con estrógeno local. Si no se toleran o resultan insuficientes, existen otras opciones, como prasterona vaginal u ospemifeno oral, según el perfil clínico y la disponibilidad.

En mujeres con antecedentes de cáncer de mama, la primera opción suele ser no hormonal. Si los síntomas persisten, el uso de estrógeno vaginal puede valorarse de forma individual; en quienes reciben inhibidores de aromatasa la decisión debe coordinarse con oncología.

Síntomas parecidos, decisiones distintas

La urgencia urinaria no se maneja igual que una pérdida al toser. El dolor con la penetración no se trata igual que una debilidad muscular. Una infección urinaria recurrente no debe confundirse con irritación vulvovaginal. El primer paso útil es identificar qué tejido y qué función están afectados.

En Brilla en Menopausia, la clase con la fisióloga Rosa Nieto integra cuerpo, respiración y suelo pélvico sin reducir el tema a una serie de contracciones. Conocer la anatomía, reconocer los síntomas y saber cuándo pedir una valoración cambia mucho más que memorizar una rutina.

 

Bibliografía

1. National Institute for Health and Care Excellence. Menopause: identification and management. Recomendaciones sobre síntomas genitourinarios. 2024-2026. https://www.nice.org.uk/guidance/ng23/chapter/Recommendations

2. Marcellou EG, Stasi S, Giannopapas V, et al. Effect of pelvic floor muscle training on urinary incontinence symptoms in postmenopausal women: a systematic review and meta-analysis. European Journal of Obstetrics & Gynecology and Reproductive Biology. 2025;304:134-140. https://doi.org/10.1016/j.ejogrb.2024.11.040

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4. López-Pérez MP, et al. Pelvic Floor Muscle Exercises as a Treatment for Urinary Incontinence in Postmenopausal Women: A Systematic Review of Randomized Controlled Trials. Healthcare. 2023;11(2):216. https://doi.org/10.3390/healthcare11020216

5. Genitourinary syndrome of menopause: a systematic review on prevalence and treatment. 2021. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/33739315/

6. Hormonal Treatments and Vaginal Moisturizers for Genitourinary Syndrome of Menopause: A Systematic Review. Annals of Internal Medicine. 2024. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/39250810/

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