Suelo pélvico en menopausia: sequedad, urgencia y pérdidas no son el mismo problema
Sequedad vaginal, dolor durante las relaciones, urgencia urinaria, pequeñas pérdidas al correr o sensación de peso en la pelvis pueden aparecer durante la menopausia. Como coinciden en una misma zona del cuerpo, es frecuente reunirlos bajo una única explicación: “el suelo pélvico está débil”.
Sin embargo, estos síntomas pueden estar relacionados con los tejidos vulvovaginales, la microbiota, la vejiga, la musculatura del suelo pélvico o con varios de estos factores al mismo tiempo. Comprender las diferencias permite elegir recursos más adecuados y evitar recomendaciones generales que no siempre responden al origen del problema.
El síndrome genitourinario y la función muscular son diferentes
El síndrome genitourinario de la menopausia engloba los cambios que pueden producirse en la vulva, la vagina, la uretra y la vejiga como consecuencia del descenso de estrógenos.
Puede manifestarse con:
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sequedad, ardor o irritación;
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menor lubricación;
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dolor durante las relaciones;
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molestias al orinar;
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urgencia o aumento de la frecuencia urinaria;
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mayor susceptibilidad a las infecciones urinarias.
Una revisión sistemática sobre el síndrome genitourinario encontró prevalencias muy variables, de entre el 13 % y el 87 %, dependiendo del síntoma estudiado, la población y la forma de evaluación. Esta amplitud refleja también un problema habitual: muchas mujeres normalizan las molestias y no las consultan.
La disfunción del suelo pélvico puede coexistir con estos cambios, pero afecta principalmente a la fuerza, el tono, la resistencia y la coordinación muscular. Puede participar en la incontinencia urinaria, el prolapso, ciertas dificultades para vaciar la vejiga y algunos cuadros de dolor pélvico.
Una mujer puede presentar sequedad vaginal con una musculatura funcional. Otra puede tener pérdidas de orina al toser sin apenas molestias vulvovaginales. También puede existir una musculatura excesivamente tensa que dificulte la penetración o provoque dolor.
Los hábitos cotidianos también influyen
El cuidado del suelo pélvico no comienza con una rutina de contracciones. Algunos hábitos cotidianos influyen sobre las presiones que recibe esta musculatura y sobre el funcionamiento de la vejiga y el intestino.
El estreñimiento y el esfuerzo repetido al evacuar aumentan la presión sobre el suelo pélvico. Una alimentación con suficiente fibra, una hidratación adecuada, el movimiento diario y una postura que facilite la evacuación ayudan a reducir esa carga.
También es importante observar la forma de respirar durante el ejercicio y las actividades que requieren esfuerzo. Contener el aire al levantar peso, incorporarse o realizar determinados movimientos puede aumentar innecesariamente la presión abdominal.
En el caso de la vejiga, orinar de manera preventiva constantemente puede acostumbrarla a vaciarse con volúmenes pequeños. La cafeína, el alcohol y algunas bebidas también pueden aumentar la urgencia en mujeres sensibles, aunque la respuesta varía entre personas.
Hacer Kegel no siempre es la indicación correcta
Los ejercicios de Kegel consisten en contraer voluntariamente la musculatura del suelo pélvico. Pueden resultar útiles cuando existe debilidad, poca resistencia o dificultad para coordinar la contracción.
Pero no todos los suelos pélvicos necesitan contraerse más.
Cuando la musculatura presenta un exceso de tono, dolor o dificultades para relajarse, repetir contracciones puede aumentar las molestias. El dolor con la penetración, la sensación de tensión constante, algunas dificultades para vaciar la vejiga o el dolor pélvico pueden estar relacionados con este patrón.
La valoración fisioterapéutica permite observar:
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fuerza y resistencia;
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tono muscular;
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coordinación;
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capacidad de relajación;
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respiración y gestión de presiones;
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respuesta durante el movimiento y el esfuerzo.
También permite comprobar si la contracción se realiza correctamente. Algunas personas activan principalmente los glúteos o el abdomen, o contienen la respiración, creyendo que están trabajando el suelo pélvico.
Qué muestra la evidencia sobre el entrenamiento muscular
Un metaanálisis publicado en 2025 revisó cinco ensayos aleatorizados realizados en mujeres posmenopáusicas. El análisis estimó una probabilidad del 92 % de mejora significativa de los síntomas de incontinencia urinaria con el entrenamiento de la musculatura del suelo pélvico frente a los grupos de control.
Los protocolos utilizados fueron diferentes, lo que refuerza la importancia de adaptar el entrenamiento al tipo de incontinencia, al estado muscular y a las posibilidades de cada mujer.
Otra revisión de ensayos clínicos encontró mejoras en la fuerza, la calidad de vida y la gravedad de la incontinencia. Los programas supervisados tendieron a obtener mejores resultados funcionales, especialmente cuando incluían una enseñanza inicial precisa y un seguimiento de la técnica.
La respiración ayuda, pero cumple otra función
El diafragma, la pared abdominal y el suelo pélvico participan conjuntamente en la regulación de las presiones internas. Trabajar la respiración puede ayudar a reconocer tensiones, coordinar los esfuerzos y aprender a relajar la musculatura.
Esto no significa que respirar con el diafragma fortalezca por sí solo el suelo pélvico.
Una revisión sistemática de 2023 encontró que los ejercicios respiratorios no cuentan con evidencia suficiente para reemplazar el entrenamiento muscular específico. Su utilidad depende del objetivo: mejorar la conciencia corporal, facilitar la relajación o gestionar mejor la presión durante el movimiento.
Cuidar las mucosas desde el interior
Cuando predominan la sequedad, la irritación o el dolor por fricción, el abordaje necesita prestar atención a la calidad de los tejidos.
FEMMEUP Oil es un complemento oral elaborado con aceite de espino amarillo, rico en ácidos grasos omega 3, 6 y 7 y en vitaminas A y E. Está formulado para acompañar la hidratación y el cuidado de la piel y las mucosas desde el interior, con la comodidad de una administración oral.
En un ensayo aleatorizado, doble ciego y controlado con placebo participaron 116 mujeres posmenopáusicas. Después de tres meses, el grupo que recibió aceite de espino amarillo presentó una evolución favorable de la salud vaginal y una mejora significativa de la integridad del epitelio vaginal frente al placebo.
Este resultado resulta especialmente interesante porque la integridad del epitelio influye en la protección, la elasticidad y el confort de la mucosa.
La microbiota forma parte del entorno urogenital
Durante la etapa reproductiva, la microbiota vaginal suele estar dominada por lactobacilos que contribuyen a mantener un pH ácido y dificultan el crecimiento de microorganismos oportunistas.
Tras la menopausia puede disminuir el predominio de lactobacilos y aumentar el pH vaginal. Estos cambios pueden favorecer irritación, disbiosis y una mayor vulnerabilidad urogenital.
FEMMEUP Plenipausia incorpora Lactobacillus crispatus, L. reuteri, L. gasseri, L. rhamnosus y L. plantarum, cinco especies relacionadas con el equilibrio de la microbiota vaginal y urogenital. Su combinación con extractos botánicos permite acompañar diferentes dimensiones del bienestar durante la menopausia.
Una revisión publicada en 2026 analizó las intervenciones basadas en lactobacilos y su posible papel complementario en la salud genitourinaria femenina.
FEMMEUP Oil y FEMMEUP Plenipausia trabajan sobre aspectos diferentes: el primero acompaña la calidad y la hidratación de las mucosas; el segundo incorpora apoyo probiótico y botánico. Ambos pueden integrarse con los hábitos cotidianos y el trabajo fisioterapéutico cuando la función muscular también está afectada.
Lubricantes, hidratantes y opciones médicas locales
Los lubricantes disminuyen la fricción durante la actividad sexual. Los hidratantes vaginales, en cambio, se utilizan regularmente para favorecer el confort cotidiano. No cumplen la misma función y pueden combinarse según las necesidades.
Cuando los síntomas genitourinarios son persistentes o interfieren de manera importante en la calidad de vida, también existen tratamientos médicos locales. El estrógeno vaginal en dosis bajas es una de las posibilidades que puede valorar el equipo sanitario según los síntomas, los antecedentes y las preferencias de la mujer.
El abordaje puede reunir hábitos, suplementación oral, cuidados locales, fisioterapia y, cuando corresponde, tratamiento médico. La combinación depende de qué tejidos y funciones estén implicados.
Síntomas parecidos, decisiones diferentes
La urgencia urinaria no se aborda igual que una pérdida al correr. El dolor durante la penetración no se interpreta automáticamente como debilidad muscular. Una infección urinaria tampoco debe confundirse con irritación vulvovaginal.
El sangrado después de la menopausia, la presencia de sangre en la orina, el dolor pélvico persistente, las infecciones urinarias recurrentes, la dificultad para vaciar la vejiga o la aparición de un bulto vaginal requieren valoración profesional.
Dentro de BRILLA EN MENOPAUSIA, Rosa Nieto, fisioterapeuta especializada en suelo pélvico y salud femenina, desarrolla la clase “Suelo pélvico y cambios corporales en la menopausia: cómo cuidar el cuerpo en esta etapa”.
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