Deseo sexual en la menopausia: las hormonas importan, pero no explican todo
El deseo sexual no funciona como un valor de laboratorio. Puede disminuir durante la menopausia, aumentar, cambiar de forma o mantenerse igual. Para algunas mujeres la falta de deseo genera malestar; para otras, no representa ningún problema hasta que aparece presión propia, de la pareja o del entorno.
Antes de buscar una causa, hay que hacer una distinción básica: una variación del deseo solo se convierte en un problema clínico cuando produce malestar personal. No existe una frecuencia “normal” de relaciones ni una cantidad de deseo que todas deban conservar.
El deseo no siempre aparece antes del encuentro
Durante años se difundió una idea lineal: primero surge el deseo, después la excitación y finalmente la respuesta sexual. En muchas mujeres el deseo puede ser responsivo. Aparece después de comenzar un acercamiento agradable, cuando hay seguridad, tiempo, conexión y ausencia de dolor.
Esto no significa que haya que mantener relaciones sin ganas. Significa que la experiencia del deseo puede no comenzar con un impulso espontáneo. Comprender esa diferencia evita interpretar cualquier cambio como una “pérdida de libido” hormonal.
Qué puede disminuir el deseo en esta etapa
Las hormonas forman parte de la respuesta sexual, pero el deseo se modifica por múltiples factores:
- sequedad, ardor o dolor con la penetración;
- sofocos, cansancio e insomnio;
- depresión, ansiedad o estrés;
- cambios en la imagen corporal;
- conflicto, distancia o falta de intimidad en la relación;
- responsabilidades de cuidado y ausencia de privacidad;
- medicamentos, en especial algunos antidepresivos;
- enfermedades crónicas y dolor;
- experiencias sexuales previas, trauma o miedo al dolor.
Cuando el sexo duele, el cuerpo aprende a anticipar el dolor. En ese contexto, intentar “subir la libido” sin tratar la causa física suele fracasar. El síndrome genitourinario y la tensión del suelo pélvico merecen una evaluación temprana.
Primero, precisar qué está afectado
“No tengo deseo” puede significar cosas distintas: falta de pensamientos sexuales, ausencia de iniciativa, poca excitación, dificultad para llegar al orgasmo, dolor, falta de satisfacción o un problema de pareja. La entrevista clínica necesita explorar cuál es la experiencia concreta y desde cuándo ocurre.
También debe revisar medicamentos, salud mental, sueño, síntomas genitourinarios, contexto relacional y grado de malestar. Una determinación de testosterona por sí sola no diagnostica un trastorno del deseo y no existe un valor sanguíneo que separe de forma fiable a las mujeres con y sin deseo sexual hipoactivo.
Tratar el dolor puede cambiar el deseo
En presencia de sequedad o fricción, los lubricantes reducen molestias durante la actividad sexual y los hidratantes vaginales pueden mejorar el confort cotidiano. Para síntomas moderados o intensos de síndrome genitourinario, el estrógeno vaginal en dosis bajas es una opción efectiva. Prasterona vaginal y ospemifeno oral son alternativas en situaciones seleccionadas.
El tratamiento del suelo pélvico puede ser útil cuando hay tensión, dolor, mala coordinación o incontinencia. Una revisión de 2025 encontró mejoras de la función sexual con entrenamiento del suelo pélvico en mujeres posmenopáusicas, aunque solo incluyó cinco estudios y los protocolos fueron diferentes. Es una intervención prometedora, no una respuesta universal.
Cuándo se considera testosterona
El consenso internacional y la guía de la International Society for the Study of Women's Sexual Health reconocen una indicación con respaldo científico para la testosterona en mujeres: el trastorno del deseo sexual hipoactivo en la posmenopausia, después de una evaluación biopsicosocial completa.
Un metaanálisis de 36 ensayos aleatorizados con 8.480 participantes mostró mejoras modestas pero significativas en deseo, excitación, orgasmo, placer y número de experiencias sexuales satisfactorias. También aumentaron algunos efectos androgénicos, como acné y crecimiento de vello.
La recomendación se refiere a dosis transdérmicas que mantengan concentraciones dentro del rango fisiológico femenino, con control clínico y analítico. No respalda dosis suprafisiológicas, implantes que no pueden retirarse con facilidad ni formulaciones magistrales cuando existe una alternativa de calidad controlada. Los datos de seguridad a largo plazo siguen siendo limitados.
La testosterona tampoco resuelve por sí sola un vínculo conflictivo, un dolor no tratado, una depresión, un efecto adverso farmacológico o la falta de condiciones mínimas para el encuentro.
Y siempre se puede elegir primero suplementos naturales como FemmeUp LIB para evitar los efectos adversos de los fármacos.
Recuperar el placer no obliga a recuperar una versión anterior
La sexualidad puede modificarse sin desaparecer. A veces requiere tratar tejidos, revisar medicamentos o recuperar sueño. Otras veces necesita conversación, educación sexual, terapia, nuevas formas de intimidad o menos presión por cumplir una expectativa.
En Brilla en Menopausia, la clase con Sandra Santiago aborda sexualidad, deseo y placer desde esta complejidad. La meta no es devolver a todas las mujeres al deseo espontáneo de otra etapa, sino ayudar a reconocer qué desean, qué les incomoda y qué alternativas tienen.
Bibliografía
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